Scheepjes es una historia de entrega que supera al tiempo. En 1799, Dirk Steven van Schuppen comenzó en Veenendaal como peinador de lana con 13 ayudantes, en una ciudad que estaba reinventando su alma. Cuando se agotaron las turberas, la lana se convirtió en la nueva fuente de vida. A lo largo de generaciones, la empresa familiar creció hasta alcanzar su apogeo en 1962 con 900 empleados y un título real. Luego vino la caída: en 1988 la quiebra, en 1989 la demolición de la fábrica. 22 años de silencio donde antes cantaban los husos.
Pero el amor verdadero no muere. En 2010, la familia De Bondt de Tynaarlo revivió el legado de Scheepjes, no como nostalgia, sino como promesa. El barco en el logo, un 'Samoereus', que antaño transportaba turba por los canales holandeses, navega de nuevo: cargado con la sabiduría de más de 200 años de oficio y la certeza de que algunas tradiciones son demasiado valiosas para dejarlas morir. Aquí sigue viva la historia de la lana holandesa: cada madeja es testimonio de que la calidad y la pasión siempre encuentran un camino de regreso.






































