Malabrigo comenzó donde nacen las historias más hermosas: en una olla de cocina llena de sueños. En 2005, dos cuñados tiñeron sus primeros ovillos de lana en Uruguay sin imaginar que crearían un fenómeno que cautivaría a tejedoras desde Japón hasta Europa. El nombre "Malabrigo" significa "mal refugio", nombrado así por un pueblo ventoso, pero inspirado en los lugares mágicos de maestros literarios como García Márquez. Se imaginaron Malabrigo como un lugar donde el clima lleva a todos a tejer en el calor.
Hoy en Perú se produce lo que vuelve adictas a tejedoras de todo el mundo: hilos teñidos a mano con una suavidad que hay que sentir para comprender. Hechos con la lana de ovejas merinas uruguayas que vagan libres por las colinas y son cuidadas por verdaderos pastores; aquí no se practica el mulesing, solo hay respeto por el animal. La empresa familiar emplea principalmente a mujeres y da oportunidades conscientes a personas con menos posibilidades. Con más de 400 tonos y tecnología de calefacción solar, Malabrigo demuestra: la verdadera belleza nace cuando la pasión se une a la responsabilidad. Cada ovillo lleva el calor de Sudamérica y la historia de dos soñadores en su interior.


























